La generalización de los estereotipos (entendidos estos como imagen o idea aceptada comúnmente) y la posterior asimilación de terminadas ideas asociadas a un sexo u otro; repercute en los roles a desempeñar en nuestro ámbito privado o social. Es decir, se asociada a un sexo unas determinadas características, funciones, ideas o imágenes, que se reproducen socialmente y forman parte de nuestra identidad. Esta reproducción comienza desde tempranas edades e incluso podemos aventurarnos a comentar que nuestros progenitores, esencialmente la mujer por su capacidad reproductiva, establece una serie de ideas preconcebidas una vez conocido el sexo de su descendiente.
Estamos ante un proceso social en el que estamos involucrados todos los participantes, es decir, todos los ciudadanos independientemente de nuestra afiliación familiar o simplemente sanguínea.
Tal y como se comprueba en los vídeos de esta última tarea los estereotipos están presentes y su grado de afectación es visible. Es a través de la educación y/o socialización de unos y otras como se pueden evitar este tipo de distinción y asunción de determinados roles asociados al sexo femenino o masculino.
Una socialización primaria donde los progenitores y entorno más cercano debe cuestionar determinados estereotipos y ofrecer otras alternativas a lo socialmente aceptado. Un sistema educativo que desde los primeros años y por lo tanto en pro de una formación de la personalidad libre de pensamientos estereotipados, les permita observar, conocer, reflexionar y decidir libremente. Es necesario el descubrimiento de estas conductas para posteriormente reflexionar sobre su incidencia desde edades tempranas pero esenciales para la permanencia y continuidad de determinados estereotipos.
Estereotipos relacionados con el cuidado y las tareas domésticas son las más relevantes en mi entornos, dirigidos fundamental a tareas asociadas a la mujer y el número de horas que debe de dedicar a ellas, siendo el hombre menos colaborativo debido a su función protectora y de asunción del rol generador de ingresos. Asi, mismo la mujer es débil y solo debe dedicarse a aquellas tareas de menor responsabilidad como las citadas anteriormente. Este estereotipo se perpetúa de generación en generación. Se hace visible el papel fundamental de la mujer en el ámbito laboral pero sin dejar por ello de ser fundamental en el ámbito doméstico. Su papel protagonista en el ámbito privado y público no se valora en su justa mediada. Son dos acciones esenciales y que pueden ser compartidas tranquilamente y sin gran dificultad por los dos sexos. Observar como se participa en ambos ámbitos y el grado de participación es esencial, pero concluir que los dos sexos, desde una perspectiva igualitaria, pueden realizar las mismas tareas, es esencial y fundamental.
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